4/11/13

¿Por qué es arte una cama sin hacer?

Leí ayer en la prensa que ha muerto Arthur Danto, profesor de filosofía de la universidad de Columbia y uno de los críticos más influyentes del posmodernismo.  Sus libros pueden servir de brújula para todo aquel que no quiere deambular perdido por los museos de arte contemporáneo. En ‘El abuso de la belleza’, por ejemplo, se explica cómo se gestó la revolución contra la belleza en el arte y cómo ésta fue derrocada por la vanguardia moderna. Arthur Danto sostiene que, aunque muchos artistas contemporáneos niegan que la belleza deba ser consustancial al arte, sí es esencial para el hombre y no siempre debe ser desterrada.

En el artículo se destaca a Danto como el impulsor de Teoría Institucional del Arte (que más tarde desarrolló George Dickie):
“Para él, la obra de arte no lo es por ninguna cualidad intrínseca, sino por encuadrarse dentro del “mundo artístico”, colectivo en el que participaban, por supuesto, los propios creadores, pero también los críticos, historiadores, museístas y marchantes que integraban la comunidad artística. Si esta acepta algo como arte, entonces es arte.”


Esto explica muchos de los misterios del arte moderno. ¿Por qué objetos encontrados como, por ejemplo, el botellero de Duchamp, o piezas capaces de pasmar al personal como la cama sin hacer de Tracey Emin, son obras de arte? El mundo del arte así lo ha decidido y el objeto ha reemplazado su función original, para ocupar función de obra de arte.


Esta argumentación no está exenta de problemas y se enfrenta a un dilema fundamental que nunca he visto resuelto de forma satisfactoria. ¿Tenía el artista (por ejemplo, Duchamp con su botellero) buenas razones para elegir este objeto y no otro? El dilema tiene dos cuernos:

1) Podemos responder que sí tenía buenas razones, en cuyo caso son las razones por las que eligió el objeto las que queremos saber, y las que le confirieren valor a la obra. La comunidad del arte ratifica, no transforma, lo que hace que la Teoría Institucional sea innecesaria.

2) El artista no tenía ninguna razón especial y su elección fue meramente arbitraria. Pero si no hay ninguna lógica detrás, uno se pregunta: ¿por qué hemos de prestar atención alguna al “artista” o a la “obra”? Pero lo que hace este segundo cuerno del dilema todavía más problemática a la Teoría Institucional, es que la convierte en un argumento completamente circular. El objeto se convierte en obra de arte porque lo dice un artista. Y uno adquiere el estatus de artista al convertir meros objetos en obras de arte.

Quizás la mejor forma de entender esta teoría sea  de una forma más abierta. Puede que solo pretenda clasificar ciertos artefactos como obras de arte sin pretender judgar si estas obras de arte son buenas, malas o regulares. Sin embargo, la mayoría de la gente no está simplemente interesada en la mera clasificación. Quiere saber por qué valoramos unos objetos sobre otros. Dilemas del arte moderno sobre los que volveré más adelante. Hasta entonces, cualquier libro de Arthur Danto es más que recomendable.

Para saber más:
- El artículo de El País
- Entrevista a Arthur Danto
- Libros de Arthur Danto en Amazon

2 comentarios:

Javier García dijo...

Una crítica a la teoría de Danto:
Danto, ese sabio

http://www.margencero.com/almiar/arthur-danto/

Una exposición que no es capaz de explicar las obras realizadas durante cuarenta mil años no puede ser considerada una teoría artística, esa teoría es radicalmente falsa

Anónimo dijo...

JORGE ROARO:
PARTE I: DANTO Y SU VISIÓN DEL ARTE
ARTHUR COLEMAN DANTO (1924-2013) fue indudablemente uno de los más influyentes pensadores dedicados en el último medio siglo a reflexionar sobre la naturaleza del arte y el papel que éste juega en nuestro mundo hoy en día; desafortunadamente, eso no significa que este filósofo del arte haya contribuido gran cosa a enriquecer o a ayudar a entender mejor nuestra experiencia estética ante los fenómenos artísticos, ni mucho menos que haya aportado algo concreto que permitiese enderezar un poco el camino que sigue el arte institucional contemporáneo para sacarlo de su actual decadencia y mediocridad. De hecho, me parece que fue todo lo contrario, de modo que en las siguientes páginas trataré de explicar brevemente por qué creo que la influencia filosófica de Danto ha sido francamente negativa para el desarrollo de nuestra visión del arte contemporáneo.